Presento un artículo de Luis
Enrique Ortíz , publicado en la revista Signos
filosóficos, en el volumen XIX, nº 37, enero-junio 2017. Su título : “La verdad es poder”. Algunas
confusiones epistemológicas en torno a
la relación entre ciencia y sociedad.
Aunque Luis Enrique hace más referencia a
la realidad hispanoamericana, considero que la realidad española es
prácticamente idéntica. Las posturas anticientíficas ( especialmente el constructivismo ) son comunes por
estos lares también, especialmente en las facultades de humanidades y
ciencias sociales. Hacer un análisis riguroso y crítico de esta problemática es
absolutamente urgente. Su aportación es por lo tanto, a mi entender, muy
importante a pesar de que uno pueda estar en desacuerdo con Enrique en algunos puntos.
A modo de introducción , presento
estos tres párrafos:
Hay una serie de corrientes filosóficas
que, más que una moda pasajera, parecen haberse convertido en toda una
tendencia cuyo arraigo en algunas universidades parece ser cada vez mayor. Me
refiero a las corrientes filosóficas surgidas en la Europa de la posguerra y
que reciben distintos rótulos: posmodernismo, postestructuralismo,
constructivismo social, deconstructivismo, etcétera. Caracterizadas por su
estilo críptico y confuso, su relativismo y su anarquismo metodológico, estas
corrientes han ganado un gran número de seguidores, pero también de
detractores. Las críticas hacia los posmodernos y sus símiles suelen enfocarse
hacia su retórica, que opta por eslóganes, frases intrincadas y florituras
literarias más que por la claridad conceptual y el análisis argumentativo, o
por sus implicaciones relativistas. Coincido con estas críticas, pero creo que
poco atienden a los problemas más fundamentales que presentan. Puesto que una
de las tareas más importantes de la filosofía es indagar sobre los fundamentos
y analizar los supuestos en que se apoyan las teorías, considero pertinente
someter a estas corrientes a un escrutinio mayor…..
Particularmente, son los jóvenes
estudiantes los más proclives a ser seducidos por el sociologismo posmoderno.
Esto se explica por la legítima preocupación de los sectores estudiantiles por
los problemas sociales, políticos y económicos. Las tesis posmodernas y sus
símiles resultan muy atractivas por su anarquismo metodológico y su retórica, y
dado su énfasis en la crítica social, se han vuelto un sustituto del viejo
marxismo —lo que explica, en gran medida, su eficacia persuasiva en estos
sectores—. Pero poco se percatan sus seguidores de la debilidad de sus
argumentos, sobre todo, por las contradicciones y la ausencia de fundamentos
que justificarían sus denuncias. Una crítica social más profunda requiere
mejores fundamentos ,lo cual exige la claridad conceptual y una argumentación
más sólida. En mi opinión, el posmodernismo no ofrece nada de esto…
Motivada más por las cuestiones
de la lucha social que por la profundidad teórica,buena parte de la filosofía
latinoamericana repite las mismas confusiones posmodernas y
postestructuralistas, que se arraigan con mayor fuerza en ella precisamente por
el entusiasmo ideológico y la debilidad argumentativa. Como consecuencia, las
actitudes anticientíficas encuentran ahí un terreno fértil, dando como
resultado que las cosmovisiones autóctonas, la poesía o la religión son puestas
al mismo nivel que la ciencia. Son loables las pretensiones humanistas de la filosofía
latinoamericana, y sin duda, su afán de comprender los problemas políticos y
sociales de la región es totalmente legítimo. Pero desde tan pobres fundamentos
es difícil que pueda construirse algo sólido. Una sana depuración de las
confusiones sociologistas no es algo solamente recomendable, sino necesario para
estas doctrinas.






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